Cuando me veo en la necesidad de contestar esta pregunta viene a mi mente lo más inmediato: mi proceso vocacional. Cada persona que ha pasado por la experiencia vocacional nos puede contar un proceso diferente y a la vez parecido. Las Sagradas Escrituras están llenas de ejemplos en este sentido: profetas, reyes, apóstoles, el joven rico, parábolas. Sin embargo, en el trasfondo de toda vocación siempre se da lo mismo: Dios, que te invita a seguirle más de cerca, y tu, que tienes que decir.
¿Cómo sé que DIOS me llama?
He aquí otra gran pregunta. Es necesario tener los sentidos bien abiertos y puestos en Dios para reconocer su llamada. Lo normal será que Dios vaya inspirando en tu corazón un deseo cada vez mayor de ser generoso; de darte más a la oración, al sacrificio, a la lucha de vivir las virtudes humanas y cristianas. De este modo se está más dispuesto para responder a Dios y a su llamada. Es posible que el sacerdote de tu comunidad, o esta información que estas leyendo, te sirvan para plantearte la posibilidad de la vocación.
¿Acaso no has pensado alguna vez en seguir a Dios más de cerca?, ¿en ser sacerdote?, ¿o religioso? Es entonces cuando comienza la "crisis" vocacional: ¿y por qué no? El mero hecho de plantearte la posibilidad es un indicio que no debes dejar pasar de largo. Ahora te toca madurar esos pensamientos en la oración, en la dirección espiritual, o tal vez haciendo un retiro. Poco a poce irás descubriendo qué es lo que Dios espera de ti.
¡Atrévete a escuchar esa voz de Dios y a responder con generosidad!
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